Relato:

Soy responsable, pero no culpable

Paula, 51 años, 2019.

Cansada, muy cansada de visitar psicólogos, psiquiatras, terapias de pareja… La medicación me dejaba dormida y los psicólogos no cambiaban mi forma de vida (o de no vida). La tristeza, amargura, apatía, ira, se apoderaron de mí, era mi estado natural. Intenté hacer cosas que me mantuvieran activa (Cáritas, cursos…) pero nada llenaba mi sensación de vacío.

Llegué a enfermar, mi corazón no soportó tanta presión provocándome aneurisma de aorta. Tenía que operarme, no me quedaba energía. Asumí la operación como una prueba del Universo y pensé que podía salir reforzada. No fue así, la tristeza, apatía, baja autoestima, miedos, apego, dependencia, ira, volvieron con más intensidad. Dos años después entré en depresión diagnosticada pero no sanada con los medicamentos que solo me dejaban dormida, dejándome llevar sin ser la protagonista de mi vida.

«La tristeza, amargura, apatía, ira, se apoderaron de mí, era mi estado natural.»

Justo en esa agonía, una amiga me habló de la Terapia Floral, de un terapeuta que había conocido y que le iba muy bien con él. No me interesó mucho la información porque ya no creía en nada ni nadie, pero un día me invitó a que la acompañara a una charla que daba ese terapeuta del que me había hablado, fui con ella a Viator, escuché a José Antonio y me enganché por su forma de explicar las cosas; hablaba de ego, consciencia y cosas muy raras para mí pero que iban llegando con fuerza a alguna parte de mí que despertó mi atención y quise descubrir ese nuevo mundo de consciencia.

¿Y si pruebo con esto? Me hice esa pregunta varias veces y… a los pocos días llamé para pedir cita.

Hoy sé que acababa de tomar la mejor decisión de mi vida. Empecé la terapia, todo fue cambiando, los más cercanos a mí se daban cuenta de mis cambios, al principio muy sutiles y cada vez más intensos, pero en este proceso de evolución, la vida me pegó un palo inesperado, fuerte, muy fuerte, creía que todo lo avanzado se había derrumbado y retrocedí, me tambaleó la sacudida pero gracias a Dios o al Universo estaba en terapia y con las esencias de Flores de Bach. Necesité sesiones de urgencia, llamadas desesperadas a mi terapeuta que eran atendidas con paciencia y comprensión. Volví a retomar mis progresos, poco a poco, con altibajos pero sin retroceso.

Ya estoy en mi sesión número doce y puedo mirar atrás viendo lo que he dejado, lo que he aprendido y aprehendido. Mi autoestima ha subido, los miedos y la ira disminuyen, he podido perdonar y hacer cosas antes impensables para mí, tan sencillas para cualquier persona pero muy limitantes para mí, el solo hecho de coger el coche me causaba ansiedad, ahora me atrevo aunque sean trayectos cortos pero lo hago porque he aprendido que los miedos paralizan y hay que hacer las cosas aun teniendo miedo. También he reforzado mucho mi autoestima y no necesito que la gente me acepte para sentirme bien, no tengo que demostrar nada que no sea yo. He aprendido que cada uno es como es y no siempre gustamos a todo el mundo, pero eso no me deja fuera de la sociedad ni me limita para avanzar en mi crecimiento porque en “mi mundo” todo está bien.

«He podido perdonar y hacer cosas antes impensables para mí.»

Ahora no me siento culpable de las cosas que no me salen bien, soy responsable de lo que hago pero en ningún caso culpable, como también he aprendido a no culpar a los demás como antes solía hacer en mi estado de ego total. Sé que sigo viviendo todavía en parte de ego pero me hago más consciente de mis actos y aprendo de mis errores.

«No necesito que la gente me acepte para sentirme bien.»

He dejado atrás tantos malos hábitos adquiridos a lo largo de mi vida, por repetición de programas, patrones de familia, etc. Ya no juzgo las conductas de los demás porque entiendo que cada uno evoluciona a su ritmo, he aprendido también que el Amor sano no es posesión ni control, que los hijos son mi responsabilidad pero en su justa medida, su vida la deben controlar ellos y yo sólo acompaño y estoy a su lado, no los dirijo como antes creía que tenía que ser.

«Soy responsable de lo que hago pero en ningún caso culpable.»

Han cambiado tantas cosas en mí…, he aceptado tantas cosas que me han hecho más libre que no podría enumerar todas sin extenderme demasiado.

Sé que me queda mucho camino por recorrer, mucho que aprender, pero tengo las herramientas para poder hacer frente a lo que venga. Ahora soy más consciente de lo que hago, sé que puedo elegir entre dolor y sufrimiento. Sé que tendré momentos difíciles y caídas de las que sacaré el aprendizaje para seguir evolucionando porque, como dice mi terapeuta “TODOS SOMOS ALMAS EN PROCESO”.

Gracias a Noray Terapia Floral, a José Antonio y a las Flores de Bach.

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